Miraba sus hombros fijamente... Estaban relucientes por el sudor
Fresco se sentía su cuerpo y renovado su amor.

El brillo de su piel, era sutil, como el rocío de la mañana, una pequeña brisa postrada en su piel, resplandeciente, bella, alegre Belleza de mujer.
 Complacida y convencida, de sentirse amada. 
Postrada en mi cama, apenas hablaba, el perfume nos llenaba
 Amor perfumado, amor consumado.


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