No es miedo a escribirte, es miedo a que no quieras leer.
No es miedo a
escribirte, es miedo a que no quieras leer.
No es miedo a buscarte, es miedo a que no quieras volver.
No es miedo a buscarte, es miedo a que no quieras volver.
No es miedo a quererte, es miedo a que no sepas corresponder.
No es miedo a arriesgarme, pues las heridas no se podrán hacer más grandes.
Es solo que no quiero tocarte, con miedo a quebrarte, porque puede que sin
moverte, sin acercarte, sea lo más cerca que llegue de poder amarte.
